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16 enero 2010

Misiones 2010



El jueves llegue desde Yerbas Buenas donde viví por segundo año consecutivo las Misiones que organiza mi colegio, les cuento... somos un grupo de más de 40 alumnos, ex-alumnos y profesores que año a año visita esta zona para evangelizar a la comunidad, compartir con los niños, jóvenes y adultos, nos separamos en las distintas comunidades del lugar (separadas por 2 a 10 kms): Santa Elena, Bajo Esmeralda, Flor Lillo, Puipuyen, Abranquil (a la cuál pertenezco) y San José (nueva). En cada sector organizamos actividades con niños, liturgias, misas, celebraciones, trabajo con jóvenes, visita al hogar de ancianos, misionar casa a casa, etc...

Mi experiencia este 2010 ha sido inolvidable, en primer lugar este año fue el de los nuevos misioneros, cerca de 18 nuevos (si no me equivoco) renovaron nuestras filas, la pase muy bien con ellos, los chistes de Tomás (papa no e!), la personalidad que no conocía de Gastón, la alegría de Andrés, las cosas que se le ocurrían a Nico, y Javier con su espíritu misionero, así también me tocaron dos asesores excelentes como fueron mi tocayo Raúl y Lorenzo, que se quedo con nosotros tras la ida de su hermano (condorazo), trabaje nuevamente con Francisco, Jaime, Andrés y Gabriel, lamente que mi otro tocayo se quedara en Santiago y reemplacé un poco al Wari a la hora de acordarse de las dinámicas.

Partimos el lunes 4 de enero, luego del fin de semana de año nuevo, todos con energía y ganas de empezar luego a trabajar (seguro), la primera noche iniciamos a los nuevos con el clásico rito (más que se asustaron con las escalopas), luego vendría la hora de ir al sector correspondiente, este año vivimos una revolución, como grupo nos separamos, dejando a Puipuyen y Abranquil como comunidades juntas pero no revueltas, así tuve que decidirme a trabajar en Abranquil, dejando de lado a las jóvenes que ya conocía en Puipuyen... les explicare lo que sucedió:

Los primeros días planeamos trabajar del mismo modo del 2009, con una rotación de misioneros diaria entre Puipuyen y Abranquil, Gabriel, el veterano del grupo, buscaba seguir con todo como estaba... así los primeros días realicé actividades en Abranquil y Puipuyen, en el primer sector no con mucha suerte, ya que no llegó gente a nuestras actividades los primeros días (excepto por la Sra. Juanita) y en Puipuyen con las mismas grandes personas que ya conocía, sin embargo pasados ya tres días Abranquil nos dio un tapaboca a todos, la gente comenzó a recibirnos en su casa, los infantes se multiplicaron en las actividades de la mañana, nuestras liturgias y celebraciones se llenaron de gente, Raúl, nuestro asesor, nos entrego una nueva forma de acercarnos con la comunidad y todos nos quedamos sorprendidos con la fuerza de Abranquil, tanto así que ahora casi todos querían trabajar en el sector, tuve que tomar la decisión de dejar a las personas de Puipuyen y me establecí como "rostro familiar" en Abranquil.

Cada mañana comenzábamos a las 11 con el trabajo con niños, les quiero decir a ellos que nunca los olvidaré, por varios días mis mañanas estarán vacías, disfrute día a día con ustedes, no quiero dar nombres para no dejar a nadie afuera, los quiero mucho a todos, su alegría, su sonrisa, sus problemas, sus historias y sus juegos me encantaban mañana tras mañana, saltábamos al ritmo de "Don Juan el campesino," "Wana!!!," "La serpiente," "El Tallarín" y muchas otras... trate de entregarles, junto a mis compañeros, valores que los acompañaran durante toda su vida, los escuchaba cada vez que me confidenciaban algo y traté siempre de darles el mejor consejo, visite los hogares de algunos de ustedes y en cada uno me recibieron con una sonrisa y me mostraron su casa, su familia o sus mascotas, me obsequiaron, además de momentos inolvidables, cosas ricas para renovar energías y hasta desarmaron un poco su biblioteca para entregarnos un presente, celebramos el cumpleaños de uno de ustedes y sus sonrisas nos llegaron a todos al corazón, son un grupo excelente de chicos y chicas que espero verlos nuevamente y saber que se encuentran bien, que no han dejado sus estudios, y que no les haga falta nada.

Así también visite muchos hogares de la comunidad, conocí a señoras con sus historias de vida, abuelitas que hace más de 50 años misionaron como nosotros, matrimonios que trabajaban todo el día bajo el sol - sabía usted que a los pequeños productores les pagan apenas 200 pesos por una bandeja de morones, cuando aquí en Santiago un pote de 500 gramos llegar a costar 2000 pesos - personas enfermas - que espero se recuperen - y hasta borrachitos que lamentablemente salían tarde a tarde de "La Quinta de Recreo."

Así también, cada tarde celebramos la liturgia diaria, este año planificamos una serie de celebraciones distintas: oración por los difuntos, bendición de la luz, compartir el pan, entre otras. Cada día a las 20 recibíamos a niños, jóvenes y adultos y compartíamos con ellos un grato momento en torno a la palabra de Dios, sus enseñanzas y como llevar estas últimas a la práctica en nuestra vida cotidiana, buscábamos tener una cercanía con la gente y así tener confianza con ellos. Finalizamos el último día con una gran fogata y una convivencia sencilla que agradecemos con todo el corazón.

Se me olvidaban los jóvenes, hablo por el grupo al agradecer a Leticia e Ibette por acompañarnos durante la misión, tanto en las mañanas como en los trabajos por la tarde, así también nos sorprendimos con el grupo conseguido en los últimos días de misión, esperamos contar con todos ustedes el próximo año desde el primer día, por mi parte no pude compartir mucho con ustedes ya que estaba en el grupo de la liturgia, pero a los que conocí se que son grandes jóvenes y que deben proyectarse al futuro.

Como vivencia personal estas misiones me llevaron a pensar que estoy haciendo con mi vida, a pensar en lo bueno y lo malo que hago cada día, a analizar quién soy yo... estas reflexiones me las reservo, pero sepan que seré una mejor persona gracias a esta experiencia.









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